Triscando al escondrijo con mesura,
saltando entre las rosas de un rosal,
me cuentan que entre trémulo y sensual
jugaban el amor y la locura.
De pronto sucedió por desventura
que el loco sentimiento demencial,
hirió a su contrincante pasional
hurgando en el ramaje con premura.
Y allí encontró a su amigo lastimado,
llorando enceguecido de dolor:
_si el cielo de tus ojos he nublado,
seré tu lazarillo con fervor!
Por eso la locura va a su lado,
y ciego amartelado es el amor.

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